...

Por diseñar castillos sin almenas perdí, otra vez, las llaves de mi casa.

martes, 27 de mayo de 2014

Cierto día imaginé el futuro... y lo vi borroso.
Supuse que eso quiso decir que estabas en él,
porque nosotros siempre nos hemos mirado borrosos.

Lo malo es que para vivir una mentira, primero hay que creérsela...
y tú acabaste inspirándome más poesía que confianza.
Y no es un reproche.
Es una certeza.
Como esas cosas que sólo existen si crees en ellas.
Como los monstruos de debajo de la cama,
como los cuentos...
y nosotros.

Recuerdo la última vez que apagué las velas de una tarta,
la vez que subí a la caseta del sauce llorón
llegando hasta él por baldosas amarillas,
mi última estrella fugaz,
a la que quise seguir buscando culpables
por los deseos incumplidos.

Pero yo siempre estuve más cargada de balas que de razones,
siempre haciendo leña del sauce a punto de caer,
introduciendo el dedo en la carne para abrir una llaga.
Desaprendiendo a jugar,
que esta vez no gané porque el juego era yo.

Y dicen que muerto el perro....
Pero no,
la rabia viene después.

Hay quien dirá que estoy haciendo un drama de todo esto,
pero si le quitara hierro al asunto...
tendría que lastimar a alguien con ese hierro...

A fin de cuentas,
el daño viene incluído en las facturas,
y a pesar de ello, no sé
si aprendí algo de todo esto...

miércoles, 21 de mayo de 2014

Desde que la falsedad
quiso abrir mis ojos,
desde que escupí
al suelo, y no al cielo,
harta de tanto cinismo.

Desde que el niño inocente
dejó de ser el niño
sin reconocer su culpabilidad,
sin pedir perdón.

Desde que no hay baldosas amarillas,
sólo aceras grises,
desde que la búsqueda (que no se me encomendó a mí)
de la flor que no se marchita
resultó infructuosa...

Desde que el brillo de la hipocresía
dañó mis ojos abiertos...
Ya sólo admiro...
el silencio y la soledad.