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Por diseñar castillos sin almenas perdí, otra vez, las llaves de mi casa.

miércoles, 9 de agosto de 2017

lunes, 3 de julio de 2017

Timoteo Mendieta tenía 41 años y siete hijos el día en el que le mataron.

Por rojo.

Acabada la guerra, un vecino y un militar le delataron y fue condenado por auxilio a la rebelión.

Fusilado con otros 21 hombres y arrojado a una fosa.

Acensión tenía 11 años cuando arrancaron a su padre de su hogar como a un fruto sin madurar de un árbol.

Sus abuelos maternos no quisieron ayudar a la familia porque siempre se opusieron a que su madre se casara con un hombre de izquierdas y sus hermanos y ellas tuvieron que irse a vivir con los abuelos paternos.

Allí su hermano pequeño dormía sobre la tapa de un baúl.

Y su madre cambiaba loza por judías.

La vida siguió sin Timoteo.

Ayer, después de 78 años, Ascensión enterró por fin a su padre.

Y lo hizo tras una larga lucha en la que ha tenido que recurrir a la justicia argentina para poder localizar los huesos de su padre porque en España las partidas presupuestarias para la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica están congeladas.

Ascensión estaba alegre y también emocionada.

Es la única de sus seis hermanos que sigue con vida.

Y lo ha conseguido.

A pesar de que le dijeron que para qué iba a remover el pasado.

Que lo dejara estar.

Que para qué recordar viejas heridas.

Una existencia con un padre asesinado no es una vieja herida.

Una existencia sin un padre es una herida viva.

Es la pérdida a la vez de todas las cosas que pudieron ser compartidas y no lo fueron.

Ascensión probándose un vestido para ir a un baile.

Ascensión presentando al chico que le gustaba en su casa.

Ascensión dando a luz.

Ascensión saboreando por primera vez las chirimoyas.

La cara de Ascensión al ver al hombre pisar la luna.

Sus pies en remojo en una ría.

El sol en el año 1975.

La cumbres, hace treinta segundos.

Se estima que son 114.226 los desaparecidos por el franquismo.

Y todavía hay gente que cuestiona las razones de aquellas personas que buscan los restos de sus familiares.

¿Quién puede obligar a otra persona a que olvide?

¿Quién puede medir el grado de dolor de otra persona?

El Estado tiene una obligación moral con los familiares de aquellas personas que necesitan consuelo.

Que merecen aliviar su pena.

Y no hacerlo es indigno y vergonzoso.

Porque después de tantísimo tiempo, unos restos son la prueba de que las personas que desaparecieron, existieron.

Que no fueron un sueño o una invención.

Que estuvieron aquí con nosotras y nosotros en este planeta.

Decía Miguel Hernández

que hay ruiseñores que cantan

encima de los fusiles

y en medio de las batallas.

Ascensión ha sido el ruiseñor de su padre.

Una mujer que no ha parado de cantar a Timoteo.

Hasta volver a encontrarlo.

-Roy Galán

martes, 27 de junio de 2017

lunes, 19 de junio de 2017

Soy un niño.

Soy un niño con miedo.

Soy un niño con miedo a que no le quieran.

Soy un niño con miedo a que no le quieran por lo que es.

A veces quisiera arrinconar a las palabras en una esquina y liarme a patadas con ellas, reventarlas hasta que empezara a brotar lo que de verdad significan para mí y coger eso que es negro y que brilla como una galaxia entre las palmas de las manos y ofrecértelo y que tú lo quisieras y te pintaras el cuerpo mientras flotas en alguna orilla.

A veces quisiera rendirme en medio de todo.

Quitarme los cascos y la ropa y las obligaciones en plena rutina y desmayarme para ver quién se para y se apiada y me recoge y me lleva y me cuida y le prende fuego a todo lo que tengo para empezar de nuevo y me besa lo que yo nunca me besaría porque no llego o porque lo odio o porque no recuerdo que lo tenía.

Ojalá fueras tú.

Porque no tendrías que hacer nada más que contarme el mundo desde tus ojos mientras yo, a tu lado, tejo para reconstruir mi cordón umbilical.

A veces quisiera sumergirme en la nada.

Apoyar mi cabeza donde antes tu madre cepillaba tu pelo y en silencio imaginar la oscuridad de tus pensamientos y con telequinesia perrear con ellos para que sepan que también son bonitos y alegres aunque nos hieran, que me gustan porque son tú, y yo quiero acompañarte en todo aquello que nunca te has dejado ser.

A veces quisiera no entender nada.

Olvidar mi idioma y no poder comunicarme sino tocando cosas.

Toco el hueco que hace un animal en la alambrada para huir.

Toco el principio de un libro sobre amigos que no conoces.

Toco el fondo de mi garganta atrapado en años.

Toco un bulto en mi cuerpo que no sé si me matará.

Te toco todo.

Y tú.

Alumbrando esta cicatriz en el mundo que es mi espina dorsal.

Soy un niño con miedo a que no le quieran por lo que es.

Soy un niño con miedo a que no le quieran.

Soy un niño con miedo.

Soy un niño.

-Roy Galán

viernes, 9 de junio de 2017

Víspera de quedarse

Todo está preparado: la maleta,
las camisas, los mapas, la fatua esperanza.

Me estoy quitando el polvo de los párpados.
Me he puesto en la solapa
la rosa de los vientos.

Todo está a punto: el mar, el aire, el atlas.

Sólo me falta el cuándo,
el adónde, un cuaderno de bitácora,
cartas de marear, vientos propicios,
valor y alguien que sepa
quererme como no me quiero yo.

El barco que no existe, la mirada,
los peligros, las manos del asombro,
el hilo umbilical del horizonte
que subraya estos versos suspensivos…

Todo está preparado: en serio, en vano.

Juan Vicente Piqueras

jueves, 1 de junio de 2017

Ya han empezado,
lo esperaba,
lo dijo la prensa...

Ya han empezado,
la excavadora estaba allí,
operarios y humo...

Cada día mi vista recorría
su fachada,
su cartel...
dos veces por jornada...
era inevitable acordarme de ti,
de papeles de colores
y de ojos azules...
tirando a gris.

Ya han empezado,
es otra despedida...
pero de eso nada dijo la prensa.

Y quedará muy bonito,
habrá un jardín en su lugar,
dicen...

Nadie entenderá mi egoísmo
al querer que perdurara
ese edificio ruinoso
que me daba los buenos días
antes que nadie,
que me decía que descansara
a la vuelta....

Ya han empezado,
es otra despedida...
Nunca la definitiva.



lunes, 15 de mayo de 2017

Hoy...
parece que sigas vivo.

Con su mayoria,
aunque ya no absoluta,
a golpes de medidas,
de reformas que nos llevan a otros tiempos.

Hoy...
sigues vivo en la reserva,
en ese silencio ejecutor
que quiere olvidar y callar
a las cunetas.
En esta falta de libertad,
en los castigos por no callar,
en algunos indultos
y en algunas carreras truncadas.

Hoy...
sigues vivo
en muchos vástagos de la estupidez
que te veneran en silencio
y a escondidas.
Y en los que siguen llamando
a aquella plaza
La plaza del caudillo.

Y no,
no es que celebre tu muerte,
ahora que parece que sigas entre los vivos...
sólo es que a veces fantaseo
con la idea...
de que nunca hubieras nacido...
Y de que yo hubiera conocido a mi abuelo.

Hay heridas que no se cierran en silencio.

lunes, 10 de abril de 2017

Un día,
cansada de ser huérfana de patria y escribir cartas sin remitente,
discutirás acaloradamente con la vida.
Le preguntarás porqué se empeña en cambiar tus planes.
Amenazarás con abandonar este país de cenizas,
con dejar atrás un pasado de grietas en el techo,
de lluvia contenida,
de ideas estériles para soluciones asépticas.

Pensarás en arrancarte las balas del desencanto.
Cambiarte de piel en las gasolineras.
Huirás a un lugar cuyo nombre
encontrarás en un poema,
con aliento de mar salpicando tus retinas.
Y mientras recorras la orilla desdichada de la noche,
la luna,
testigo de suicidas,
guiará tu viaje.

Y cuando al fin creas haber conseguido trazar
con el bolígrafo destintado que siempre llevas a mano
algo parecido a un plan:
esa especie de idea promiscua de libertad que llevas dentro,
esos ideales que él nunca entendió,
estarás amarrada a una especie de hipoteca,
y serás aspirante a mileurista,
y cambiarás de piso por deshacerte de la grieta;
cuando al bolígrafo se le acabe la tinta
y lo cambies por un lapicero para poder borrar.
Y dejarás de soñar en la ventana del salón de tus padres,
cuando te quedes sola...
y su casa sea para ti.

(Hace tiempo que decidí que no será mi morada)

miércoles, 22 de marzo de 2017

Señales de tránsito


Reuní un congreso de hormigas putas para que masticaran las hojas de tu recuerdo. Te borré de las paredes, del techo, del aire. Dediqué días y noches a borrarte. Lijé maderas, sombras y sábanas. Borré tu culo de las sillas. Hice un trabajo de borradería tan bueno que, si algún día volvés, cuando trates de hablar, verás que tenés borradas la lengua y las palabras.

Plástico cruel (José Sbarra)

domingo, 19 de febrero de 2017

Hay veces en las que soy...
lunes.
Y menguo
perdida en mi entropía.

Me paso la vida pagando deudas
que no recuerdo cuando
ni con quien contraje.

Respondo a lealtades invisibles,
ancestrales,
con huídas épicas
y atrincheramientos mentales.

Soy un lunes,
a destiempo...
con un complejo de incredulidad
de dimensiones bíblicas.

Por eso escribo a brochazos
en el techo
de mi agrietada habitación.

Soy un lunes,
tan a menudo...
de esos difusos,
con regusto amargo a domingo
tan disfuncional
como un adolescente sin smartphone.

Aún así...
es domingo.

Pero yo soy lunes otra vez,
y como el resto del mundo...
me odio.

Añoro cuando era viernes,
incluso un sábado resacoso
añoro saberme pérdida
e improductiva
echada a perder
pero querida
en mi decrepitud ociosa.


Soy hoy...
tan lunes:

mi vida me da pereza,
el ron y los paraguas...
nostalgia.

Como lunes,
lo habrás notado,
tengo un don:
la autocompasión.


Si me estás escuchando,
hazme viernes,
hazme día de fiesta.
O hazme...
a secas.


















jueves, 16 de febrero de 2017

NIGHTHAWKS

La soledad no tiene nada de romántico
y el frío me congela la nariz 
y la culpa de imaginar a los que duermen entre cartones siete noches por semana
La soledad no es una ventana abierta 
a un mundo de posibilidades
diga lo que diga el coaching 
tu madre o la astrología.
La soledad es una puerta
que se cierra 
lentamente en tu cara
sin que intentes
ni sepas impedirlo.
Es una caricia de la nada.
Una calle desierta de Palencia en invierno a las siete de la mañana.
Un regalo sin egoísmo.
Un adiós sin destinatario.
Un suicidio sin coartadas.
Y hablas por teléfono 
con una mujer la que amaste
y todo es bello y dulcemente triste
porque felicidad
es un verbo que se conjuga en pasado perfecto
y no en presente de mierda.
Y llega el miedo y ya no puede quitarte nada.
Soledad es esta ausencia 
de mí mismo que me acecha
en casi todas las esquinas
cuando me levanto demasiado temprano
sabiendo que ya es tarde para todo lo importante.
Soledad es ganas de volver a fumar
aunque sea para confundir
una vez más
arder con quemarme.
Y me pregunto 
cuándo dejaron de amarme 
mis amantes 
por qué no han abierto aún los bares
y dónde 
coño
está Hopper
cuando lo necesitas.

-Carlos Salem

viernes, 20 de enero de 2017

Hay

Hay destinos
donde lo que carece de temblor no es sólido.

Hay amores
en los que el mundo no te basta, falta un pasito.

Hay placeres
en los que te castigas por el arte, pues el arte es pecado.

Hay momentos de mutismo
en que la boca de la mujer hace pensar que el pudor es sólo
cuestión de sexo.

Hay cabellos teñidos por un meteoro
donde es el diablo quien hace la raya.

Hay soledades
en las que miras sólo con un ojo y sólo miras sal.

Hay momentos de frío
en los que estrangulas palomas y te calientas con sus alas.

Hay momentos de gravedad
en los que sientes que has caído ya entre los que caen.

Hay silencios
que debes expresarlos tú, ¡precisamente tú!

(Vladimir Holan)

domingo, 15 de enero de 2017

Y cómo explicar(te)...
los silencios que se clavan mis ventanas,
la ausencia que se instala en mis paredes,
los filos cortantes que agrietan mi tejado.

Cómo mostrar(te)
las capas de piel que abrigan el invierno de mis ojos,
el suicidio de los días,
la desesperanza de las noches.

Asalté las rebajas en busca de un corazón de repuesto,
a precio de saldo.
Y lo encontré.
Está averiado,
una mueca más para el engaño,
un engaño más que se suma a la cuenta de los hipotecados.

Hace tiempo que lo sé;
en la vida hay que estar de alquiler o de regalo,
sin contrato de permanencia.

Y una vez soñé ser árbol,
un árbol sin raíces,
sólo hojas caducas,
en caída perpetua.
Y en su caída quedé desnuda,
de ese tipo de desnudez que es el arte de mostrar la decadencia en su momento álgido;
es... como llevar mar adentro toda la arena muerta
y escupirla o vomitarla,
es hurgar en los excrementos fosilizados...
o pisar las hojas propias caídas,
antes de que otros pies que no sean los mios las deshagan.

Y tengo miedo, sí.
Tengo miedo al depredador que me habita,
tengo miedo de temerme.

Y a veces me despierto llorando la masa que hice de arena, agua , excrementos y hojas...
y las lágrimas tienen ya un sabor putrefacto...

Otras veces...
me disuelvo.

sábado, 7 de enero de 2017

Volver a escribir...
Y hacerlo como si la vida se te escapará por los dedos,
como si existieran formas de salvarse que no salieran de unos labios.

Escribir...
Cuando amenaza tormenta y no hay más que nubes a tu alrededor,
como si fuera necesario que tu lluvia descargase sobre todos los tejados de la ciudad.

Escribir...
Hasta que te tiemblen las manos,
hasta que no quede punta que sacarle al lápiz,
hasta que la hoja blanca se torne gris.

Escribir...
Para silenciar el ruido atronador de tus pájaros escondidos,
para gritar en silencio bajo la grieta perpetúa.

Escribir...
para acariciar la derrota antes de darle muerte,
para mirar a los ojos al fracaso y escupir sobre su tumba.

Escribir...
hasta que suene la canción que nadie ha compuesto
y para que las que compusieron sean la banda sonora de tus pasos.

Escribir...
para que la primavera te altere la sangre,
para que el verano no derrita tu esencia,
para que el otoño no sea perenne,
para que el invierno no te hiele por dentro.
Para ver sola a Rohmer...

Escribir...
para reírse del miedo,
para abrir el paracaídas antes del salto.
Para saltar.

Escribir...
para descubrir quien fuiste,
para saber quien eres,
para creer en quien serás.

Escribir...
para librarte de lo que pesa,
para no cargar más de lo necesario,
para soltar lastre y echar a volar.
(O saltar)

Escribir...
Que nunca es tarde...