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Por diseñar castillos sin almenas perdí, otra vez, las llaves de mi casa.
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martes, 4 de octubre de 2016

La dificultad del luego,
después de la tregua,
de las noches de silencio,
de los puntos suspensivos...

Hoy intento convertir el daño
en imágenes benóvolas,
reparar lo que se rompió
diezmada por las inconsecuencias,
por las consecuencias imprevistas...

Y salí de la jaula
sin saber volar,
me quedé a un metro de la puerta
batiendo las alas...

Y llegó la dificultad del momento,
la tregua,
las noches de silencio,
los puntos suspensivos...

Saliste de la jaula,
quise cerrarla,
no era el momento
yo seguía batiendo las alas,
incapaz de seguirte...

Hoy da igual todo aquel daño,
aquellos años perdidos,
las palabras duras,
los silencios demoledores.

Mi única esperanza es que allá donde estés...
hayas aprendido a leer(me)..

miércoles, 15 de enero de 2014

Me dejaste una extraña herencia,
nada de dinero,
valores escasos.
Una herencia de sangre que no se seca,
una herida de años no sanados,
de cuentas mal ajustadas
de ajustes sin contar.

Y sí,
había en este mundo alguien con más desesperanza que tú.
Era yo.
Porque no me enseñaste a contar,
ni a ajustar.
Porque te fuiste varias veces
antes de irte...

Aunque nunca te hayas ido.

jueves, 23 de mayo de 2013

Un día (quizá demasiado tarde) cambié el punto y final por los puntos supensivos, con el objetivo de que tras ellos colocáramos y comparáramos nuestras ausencias...

Por cada punto un defecto compartido,
pero no supimos nombrarlos,
tú y yo no sabíamos comunicarnos
y decidimos obviarlos...

Hoy creo que en una lista de reproches
el resultado hubiera sido un empate,
por aquel entonces creo que los dos lo sabíamos...
y por eso no la comenzamos...

Pero lo bueno de los puntos (suspensivos o no)
es que deben ir seguidos de una mayúscula
que vino a ser como un nuevo comienzo...

Aún así...
El nuevo comienzo fue la historia de siempre.
Lo único que consiguió cambiarla fue tu enfermedad,
porque entonces ya era tarde para reproches,
para seguir culpándonos el uno al otro.
Yo siempre fui la mala hija,
la hija ausente,
tú siempre fuiste el mal padre,
el padre ausente...

Lo más triste fue saber que tras esa última ausencia,
tras esa despedida sin adiós,
no volverían a haber intentos de reencuentros fallidos.

Hizo falta tener la certeza de tu ausencia definitiva
(cuando aún seguías allí pero ya no eras tú)
para reconocer que tú no eras un "padre al uso",
para reconocer que yo no fui una hija fácil,
para descubrir que te quise siempre.
Y te quiero.
Y te querré.


lunes, 25 de marzo de 2013

La despedida

Vuelves,
muchos, muchos años después.
Vuelves al lugar que te ayudó crecer a golpes,
a destiempos.
Vuelves al lugar al que juraste no volver a pisar.
Y vuelves... justo el día más triste de tu vida,
no querrías estar allí,
Él no querría que estuvieráis allí,
pero tú pareces ser la única en saberlo.

(Esto es para pedirte perdón por no haberme negado aquel día,
por no haber evitado que gente que no desearías que te diera el último adiós...
quisieran ser las organizadoras del evento,
entiéndeme, no supe (como tantas otras veces) reaccionar,
entiéndeme, aquel maldito lugar me hizo más daño a mí que a tí...)

Encontraste nuevos rostros,
pero también rostros que más de una tarde
supieron arrebatarte la niñez...
sin darte nada a cambio.

No debes volver, te dices ahora a tí misma,
porque aquel lugar que ya era (y siempre fue)
inhóspito para tí, ahora lo será más,
porque tiene la innecesaria virtud de hacerte padecer
el mal incurable del desánimo.

Y tú, que quisiste creer que el tiempo
había deshilachado cada hilo de aquel uniforme
de muchacha enferma,
que había convertido en cenizas aquellos ojos feroces
que nunca tuvieron clemencia..
Vuelves... y ves ese rostro, hoy envejecido
que habla y te dice que siempre fuiste una niña coherente.

No quieres escucharla,
no quieres mirarla,
no quieres sentarte a la mesa a comer
que tantas malas digestiones te causó,
porque aparte de niña coherente,
siempre fuiste niña mala comedora...
Y eso tenía consecuencias...

No debes volver,
debes dejar que los años transcurridos en aquella prisión,
donde caías una y otra vez,
donde pasaste hambre, frío y miedos (interminables miedos),
donde cada travesura de niña era pecado mortal
al cuál siempre se imponía una penitencia de adulto,
donde nació tu ateísmo,
donde empezaste a dejar de creer en el ser humano,
donde nunca jugaste,
donde sólo tenías que estudiar,
limpiar, fregar, servir comidas y cenas,
arreglar uniformes
y buscar las parejas de los calcetines...
queden tan solo en tu memoria...
pero sólo con la intención de que te hagan revivir
el día en que tu padre dijo "Basta",
el único día de tu vida en que tu padre fue "El Héroe"...

Y has de ser sincera, no digas que te gustaría perdonarlas,
nunca has querido hacerlo...

Y al final del último acto, por fin,
la venganza (en dos actos);
La niña mala comedora dejó el plato intacto,
esta vez tenía la excusa perfecta...
y no habrían consecuencias.
La niña coherente,
al contrario que todos los allí reunidos
no se despidió con besos en las mejillas
en los rostros envejecidos
que le robaron la niñez
(sin darle nada a cambio)...

Porque hubiera sido incoherente consigo misma...

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Insomnio

En las noches de insomnio
Lucy Green siempre recuerda
el cuerpo de su padre
conectado a un respirador
la densidad del aire
entrando en sus pulmones
la parálisis
en pleno movimiento
hacia el vacío.

En las noches de insomnio
Lucy Green siempre recuerda
la muerte lateral de un hemisferio

un cerebro infartado por la luz...

  Isaac Páez (Harmon Avenue)

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Confirmo la teoría que confirma
tu subsistencia..
(y es que estamos ya de vuelta...
a otro septiembre)..

Las calles de tu ciudad,
donde nunca paseabas
se reconstruyen...
pero ya no subsisten..

Tu intranquilidad fue contagiosa
(o hereditaria)..

Y todo empieza..
persiguiendo constantemente
tus pasos de pobre niño huérfano,
perdido y empeñado
en identificar errores
y declarame culpable..

Y todo termina...
persiguiéndote..
perdida y empeñada
en declararme culpable
de todo aquel desorden..

Aunque ya nada vaya a parecerse...
a nada
de lo que nunca fuimos..
Aunque después de muchos septiembres
aún queden en el recuerdo
los domingos de la niña despidiéndose
de una radio...
(ruido de fondo de retransimisones deportivas..)
¿Me oías?

Y creo que me convencí ya..
de que en todo aquello existió algo de renuncia..
y que justo ahí
es donde yo me escondo
o mejor,
justo ahí..
es por donde decidí huir
sin tener muy claro si de mí
o de tí..

Porque me empeño en perseguirme
pensando que si me alcanzo...
llegaré a ti..
a la ausencia que fuiste..

A la tristeza de la niña que cada domingo..
pegaba la cara al cristal del autobús
deseando que no se hubiera inventado...
la radio..

Y aunque ya nada vaya a parecerse...
a nada
de lo que nunca fuimos..
Confirmo la teoría que confirma
tu subsistencia..

Y mi extinción..

(La culpa que más pesa es la de tus renuncias)

Años atrás

Años atrás
 
Recordarás, que yo nunca te quise..
que por no llorar, nunca me reí...
que en algún lugar, fuimos tan felices...
en los que el tiempo nunca pudo separar...
 
No olvidarás, que sólo yo lo hice,
que fuí capaz, de hacerlo todo mal...
y conseguí, romper nuestras raíces,
las que hacían nuestros sueños realidad...
 
Y ahora me toca pagarlo todo...
la pena se ha vuelto capital.
Triste es el tiempo que no permite
recobrar lo que perdí años atrás...
 
Te esconderás, detrás de mis despistes,
y de los descuidos, que están sin perdonar,
de aquellas cosas que tú jamás dijiste...
Y que ahora han convertido tu llanto en mar...
 
Son todas mías esas culpas...
 tuve en mi mano las demás.
Renuncio al tiempo que me diste...
si me das lo que perdí años atrás...
 
Si me das...
lo que perdí años atrás....

Y esto no es una canción de amor "al uso"(para mí)..
No se interprete como tal... (Hace tiempo que septiembre no es un buen mes)
                                         
  

martes, 11 de enero de 2011

Y te volví a soñar

A la edad de sesenta y cinco, o sesenta y cuatro(documentos erróneos no confirmaron tu verdadera edad), fallecía inmerso en una noche sin luna, ni estrella, ni guía. Te soñé;
 Esperando a la madrugada callado y, cuando creíste que amanecía, quisiste forzar tus ojos para ver la luz del alba... pero el alba no llegaba. Y la ansiedad se apoderó de ti, pensando que tus manos no se moverían, rompiendo con el miedo de creerte muerto entre tanto silencio, impulsabas tus brazos, te incorporabas.. De la cama fuiste a la ventana, pero no veías nada... encendiste la lámpara de la mesilla..seguías sin ver nada. Tiraste la lámpara, gritaste, lloraste (en ese momento me di cuenta...que nunca te vi llorar), jadeaste, te revolviste. Para cerciorar tu estado vital, te golpeaste hasta los umbrales del dolor. De rodillas, en el suelo, en alguna parte de la habitación, con los puños atacándote, señalándote las piernas, con la cabeza levantada, intentado separarla de tu cuerpo, pedías auxilio. Pero tu alma ya había partido, encarcelada entre paredes de carne y barrotes de hueso.
Yo forzaba la puerta. Te encontraba en ese estado. Le suplicabas ayuda a una pierna, o a un brazo... Notabas mis manos, oías mi voz...pero seguías sin ver nada, y ya, cansado..te dejaste llevar..
Quizá pasó un día, quizá una semana. Secuestrado en ti mismo, sólo eras capaz de respirar, ese aire esterilizado que, de tan limpio, olía a muerte mal lavada, que deja rastro en las heridas formando cicatrices inmaculadas que cierran, pero no callan. Estabas en el hospital. En él te aseaban, te peinaban... Al negarte a comer, te pusieron el sueron, la aguja te taladró y el líquido espeso se arrastraba por tus venas dándote una vida de la cúal tú ya renegabas, una vida que te obligaba a curvar el torso y a hundir tu cabeza en el almohadón. Con la aguja, un poro... un ladrillo había caído, dejando un hueco en tu muro, transparente para nosotros, infranqueable para ti. Tu único contacto con el exterior era la caricia de una mano en tu cabello.
Cuando te recuperaste un poco, pediste hablar con el médico, te ayudaron a sentarte en la silla de ruedas. Al poner los pies en el aire, el vacío te absorvió y chocaste contra el suelo.. sentarte en la silla te resultó como comprar un billete en una atracción de feria; vueltas y más vueltas, corriendo por el aire, mareándote entre voces que te esquivaban o traspasaban.
En el despacho, el médico te saludó por tu nombre. No estaba solo. Unos labios te besaron en la frente y te preguntaron, con una voz grave saliendo de los mismos que besaron suavemente, cómo te encontrabas. Pero tú seguías sin ver nada, que el médico era tal, lo deduciste..el beso lo sentiste, las palabras las oíste.. pero todo era oscuridad... "Bien", respondiste... intentaste palpar a tu alrededor, hubieras querido tocarme, pero sé que te hubiera bastado con tocar al médico(supuesto), la mesa de su despacho... pero no sentías nada más allá de tu nueva casa(tu silla)..
Y de repente...estabas en la calle...silencio, en casa..silencio.. Silencio sobre silencio. Silencio perpetuo, inmutable, aplastante...
Y de repente...desperté...en silencio... igual que el tuyo...aplastante..

miércoles, 8 de septiembre de 2010

En el aniversario de tu ausencia

Extraña noche... aquella noche, donde en silencio dijimos adiós, entre el llanto y el perdón...
No más deambular por el mundo sin reposo, no más ir y venir sin descanso.
¿Se acabó el peso que la culpa te impuso? ¿te sientes más liviano?
¿Se te cayó la capa con la que el dolor te cubrió?
Siempre estarás en mí,
no sé, allá donde habites,
si yo estaré en ti...
Pero padre e hija seremos, al menos...
hasta el final de mis tiempos.
Me acuerdo de ti...
del que no fueras..nunca...
Y a veces pronuncio tu nombre, a sabiendas que, al igual que en vida, no contestarás... nunca aprendiste a hablar.
Recuerdo el ceremonioso ritual, símbolo del adiós definitivo. Viéndote allí, erguido en tu ataúd, luciendo un traje que nunca fue tuyo, luciendo la fria presencia de la muerte, con tu rostro firme, los ojos cerrados y los labios tan quietos, sin rictus, con esa palidez tan propia de los muertos...
Recuerdo los momentos de quejumbrosa enfermedad, recuerdo, a veces, creer que la fingías, para hacerte notar en tu egoísmo, digan lo que digan yo se, que hubo momentos en los que así fue, no es un reproche, no me arrepiento de seguirte el juego, eras ya...un niño grande... y yo quise ejercer de algo de lo que raras veces ejerciste.
Recuerdo cuantas veces, desahuciado de la vida, en medio del dolor, volviste de la muerte...
Por eso resultó...
extraña noche...la de aquella noche, la noche del adiós silencioso...
Esta es otra de mis tantas despedidas, otro de mis tantos alaridos, de mis reclamos, de mis reproches... porque sigo viviendo con esta muerte tuya...que también es la mía...

domingo, 22 de noviembre de 2009

A mi padre;


Ahora que miro el reloj..y esa hora marca un nuevo día que me recuerda una mala hora...
Voy a hablar de mi padre.
Trazar un argumento y proponer un brindis por su melancolía, sin champán, eso sí... brindemos con cerveza, padre.
Por tu fea costumbre de andar escondiéndote.
Por tu mala costumbre de pobre niño huérfano, calándome la rabia hasta los huesos.
Por este sabor a sal de aquella playa que poco pisamos juntos.
Por esta impotencia.
No. No digas nada. Soy yo quién va a hablar. Es mi turno. No mires a otro lado.
Te fuiste tú primero. Abandonaste el juego dejándome en el patio con los ojos vendados. Te pedí que esperaras. No me hiciste caso. Así es que ahora callas tú y escucha simplemente mi alarido, porque estoy muy cansada, sabes, de soportar tu ausencia que me sabe a reproche. Te pedí que esperaras para repartir culpas. Egoísta. No te llevaste ninguna.
Yo sola no podía atravesar el patio con los ojos vendados. Te pedí que esperaras. Pero era demasiado. Nunca llegué. Y si llegué, no estabas. Permanecí en silencio dando la otra mejilla.
Se acabó. Ya se marcharon todos. No hay más voces, ni ruidos.
Deja de revolcarte en la ceniza. Deja de hacer el tonto. Contra la indiferencia no valen discursos. Inútil transferir los argumentos.
Los que no se despiden sólo quieren dejarnos jirones de memoria, más sabor a sal, a alevosía. A deshechos nocturnos.
Quise hablar de mi padre. De su ausencia perpetua. De su nariz ganchuda, de sus claros ojos y el corazón tan gris de sus retratos.
La visita de ese extraño fue un aviso. ¿Otra cita pospuesta?. Otra calamidad.
Deja ya de mecerte en la cuerda del ahorcado. Deja de maquillarte, de cuidar las apariencias.
Pero ese no eres tú. Ni esas son tus palabras.
Deja ya los acertijos. Deja de burlarte de mi espanto.
Yo no tengo la culpa de que tan sólo fueras el padre. Dejaré que mis muertos entierren a tus muertos.... mientras salvo la vida. ¿No ves que se acabó?.... No puedo acompañarte en este largo oficio de difuntos...
Es hora de que renuncies a las escaramuzas.
¿Es que no te das cuenta de que he crecido tanto que hasta ya puedo hablarte.... de tú a tú?
Tampoco está ya "El Gordo" que te servía las cervezas... ¿Tendrá quién brinde con él? No. Tú no. Brinda conmigo.
Por tu 22N.
Por mi 22N.
¿Qué regalo quiero?.... "Respuestas, padre...."papá" (de tú a tú)...
Yo te regalo... parte de mis culpas. Ya es hora de ser egoísta. Pesan.
En el fondo, y a mi pesar...somos tan iguales...
FELICIDADES