Desde que vivo empapado
el aire me parece siempre frío
Cualquier ruido un portazo
cada cosa electrificada
Desde que vivo calado hasta los huesos
la ropa que cubre mis certezas
me estorba
Y las incertidumbres ante lo extraño
no me faltan
Desde que se me ha mojado el alma
tengo miedo a abrir cada mañana las ventanas
A que un día me venzan invisibles los fantasmas
A que tormentas y tormentos asusten a mis ganas
Y sin embargo
considero
Le debo unas cañas a la vida
un abrazo al destino
un polvo a la suerte
Y a la jodida tristeza
una fiesta de despedida.
-Antonio García-
...
Por diseñar castillos sin almenas perdí, otra vez, las llaves de mi casa.
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lunes, 11 de septiembre de 2017
martes, 5 de septiembre de 2017
Miedo
Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso.
-Raymond Carver
lunes, 3 de julio de 2017
Timoteo Mendieta tenía 41 años y siete hijos el día en el que le mataron.
Por rojo.
Acabada la guerra, un vecino y un militar le delataron y fue condenado por auxilio a la rebelión.
Fusilado con otros 21 hombres y arrojado a una fosa.
Acensión tenía 11 años cuando arrancaron a su padre de su hogar como a un fruto sin madurar de un árbol.
Sus abuelos maternos no quisieron ayudar a la familia porque siempre se opusieron a que su madre se casara con un hombre de izquierdas y sus hermanos y ellas tuvieron que irse a vivir con los abuelos paternos.
Allí su hermano pequeño dormía sobre la tapa de un baúl.
Y su madre cambiaba loza por judías.
La vida siguió sin Timoteo.
Ayer, después de 78 años, Ascensión enterró por fin a su padre.
Y lo hizo tras una larga lucha en la que ha tenido que recurrir a la justicia argentina para poder localizar los huesos de su padre porque en España las partidas presupuestarias para la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica están congeladas.
Ascensión estaba alegre y también emocionada.
Es la única de sus seis hermanos que sigue con vida.
Y lo ha conseguido.
A pesar de que le dijeron que para qué iba a remover el pasado.
Que lo dejara estar.
Que para qué recordar viejas heridas.
Una existencia con un padre asesinado no es una vieja herida.
Una existencia sin un padre es una herida viva.
Es la pérdida a la vez de todas las cosas que pudieron ser compartidas y no lo fueron.
Ascensión probándose un vestido para ir a un baile.
Ascensión presentando al chico que le gustaba en su casa.
Ascensión dando a luz.
Ascensión saboreando por primera vez las chirimoyas.
La cara de Ascensión al ver al hombre pisar la luna.
Sus pies en remojo en una ría.
El sol en el año 1975.
La cumbres, hace treinta segundos.
Se estima que son 114.226 los desaparecidos por el franquismo.
Y todavía hay gente que cuestiona las razones de aquellas personas que buscan los restos de sus familiares.
¿Quién puede obligar a otra persona a que olvide?
¿Quién puede medir el grado de dolor de otra persona?
El Estado tiene una obligación moral con los familiares de aquellas personas que necesitan consuelo.
Que merecen aliviar su pena.
Y no hacerlo es indigno y vergonzoso.
Porque después de tantísimo tiempo, unos restos son la prueba de que las personas que desaparecieron, existieron.
Que no fueron un sueño o una invención.
Que estuvieron aquí con nosotras y nosotros en este planeta.
Decía Miguel Hernández
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
Ascensión ha sido el ruiseñor de su padre.
Una mujer que no ha parado de cantar a Timoteo.
Hasta volver a encontrarlo.
-Roy Galán
Por rojo.
Acabada la guerra, un vecino y un militar le delataron y fue condenado por auxilio a la rebelión.
Fusilado con otros 21 hombres y arrojado a una fosa.
Acensión tenía 11 años cuando arrancaron a su padre de su hogar como a un fruto sin madurar de un árbol.
Sus abuelos maternos no quisieron ayudar a la familia porque siempre se opusieron a que su madre se casara con un hombre de izquierdas y sus hermanos y ellas tuvieron que irse a vivir con los abuelos paternos.
Allí su hermano pequeño dormía sobre la tapa de un baúl.
Y su madre cambiaba loza por judías.
La vida siguió sin Timoteo.
Ayer, después de 78 años, Ascensión enterró por fin a su padre.
Y lo hizo tras una larga lucha en la que ha tenido que recurrir a la justicia argentina para poder localizar los huesos de su padre porque en España las partidas presupuestarias para la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica están congeladas.
Ascensión estaba alegre y también emocionada.
Es la única de sus seis hermanos que sigue con vida.
Y lo ha conseguido.
A pesar de que le dijeron que para qué iba a remover el pasado.
Que lo dejara estar.
Que para qué recordar viejas heridas.
Una existencia con un padre asesinado no es una vieja herida.
Una existencia sin un padre es una herida viva.
Es la pérdida a la vez de todas las cosas que pudieron ser compartidas y no lo fueron.
Ascensión probándose un vestido para ir a un baile.
Ascensión presentando al chico que le gustaba en su casa.
Ascensión dando a luz.
Ascensión saboreando por primera vez las chirimoyas.
La cara de Ascensión al ver al hombre pisar la luna.
Sus pies en remojo en una ría.
El sol en el año 1975.
La cumbres, hace treinta segundos.
Se estima que son 114.226 los desaparecidos por el franquismo.
Y todavía hay gente que cuestiona las razones de aquellas personas que buscan los restos de sus familiares.
¿Quién puede obligar a otra persona a que olvide?
¿Quién puede medir el grado de dolor de otra persona?
El Estado tiene una obligación moral con los familiares de aquellas personas que necesitan consuelo.
Que merecen aliviar su pena.
Y no hacerlo es indigno y vergonzoso.
Porque después de tantísimo tiempo, unos restos son la prueba de que las personas que desaparecieron, existieron.
Que no fueron un sueño o una invención.
Que estuvieron aquí con nosotras y nosotros en este planeta.
Decía Miguel Hernández
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
Ascensión ha sido el ruiseñor de su padre.
Una mujer que no ha parado de cantar a Timoteo.
Hasta volver a encontrarlo.
-Roy Galán
lunes, 19 de junio de 2017
Soy un niño.
Soy un niño con miedo.
Soy un niño con miedo a que no le quieran.
Soy un niño con miedo a que no le quieran por lo que es.
A veces quisiera arrinconar a las palabras en una esquina y liarme a patadas con ellas, reventarlas hasta que empezara a brotar lo que de verdad significan para mí y coger eso que es negro y que brilla como una galaxia entre las palmas de las manos y ofrecértelo y que tú lo quisieras y te pintaras el cuerpo mientras flotas en alguna orilla.
A veces quisiera rendirme en medio de todo.
Quitarme los cascos y la ropa y las obligaciones en plena rutina y desmayarme para ver quién se para y se apiada y me recoge y me lleva y me cuida y le prende fuego a todo lo que tengo para empezar de nuevo y me besa lo que yo nunca me besaría porque no llego o porque lo odio o porque no recuerdo que lo tenía.
Ojalá fueras tú.
Porque no tendrías que hacer nada más que contarme el mundo desde tus ojos mientras yo, a tu lado, tejo para reconstruir mi cordón umbilical.
A veces quisiera sumergirme en la nada.
Apoyar mi cabeza donde antes tu madre cepillaba tu pelo y en silencio imaginar la oscuridad de tus pensamientos y con telequinesia perrear con ellos para que sepan que también son bonitos y alegres aunque nos hieran, que me gustan porque son tú, y yo quiero acompañarte en todo aquello que nunca te has dejado ser.
A veces quisiera no entender nada.
Olvidar mi idioma y no poder comunicarme sino tocando cosas.
Toco el hueco que hace un animal en la alambrada para huir.
Toco el principio de un libro sobre amigos que no conoces.
Toco el fondo de mi garganta atrapado en años.
Toco un bulto en mi cuerpo que no sé si me matará.
Te toco todo.
Y tú.
Alumbrando esta cicatriz en el mundo que es mi espina dorsal.
Soy un niño con miedo a que no le quieran por lo que es.
Soy un niño con miedo a que no le quieran.
Soy un niño con miedo.
Soy un niño.
-Roy Galán
Soy un niño con miedo.
Soy un niño con miedo a que no le quieran.
Soy un niño con miedo a que no le quieran por lo que es.
A veces quisiera arrinconar a las palabras en una esquina y liarme a patadas con ellas, reventarlas hasta que empezara a brotar lo que de verdad significan para mí y coger eso que es negro y que brilla como una galaxia entre las palmas de las manos y ofrecértelo y que tú lo quisieras y te pintaras el cuerpo mientras flotas en alguna orilla.
A veces quisiera rendirme en medio de todo.
Quitarme los cascos y la ropa y las obligaciones en plena rutina y desmayarme para ver quién se para y se apiada y me recoge y me lleva y me cuida y le prende fuego a todo lo que tengo para empezar de nuevo y me besa lo que yo nunca me besaría porque no llego o porque lo odio o porque no recuerdo que lo tenía.
Ojalá fueras tú.
Porque no tendrías que hacer nada más que contarme el mundo desde tus ojos mientras yo, a tu lado, tejo para reconstruir mi cordón umbilical.
A veces quisiera sumergirme en la nada.
Apoyar mi cabeza donde antes tu madre cepillaba tu pelo y en silencio imaginar la oscuridad de tus pensamientos y con telequinesia perrear con ellos para que sepan que también son bonitos y alegres aunque nos hieran, que me gustan porque son tú, y yo quiero acompañarte en todo aquello que nunca te has dejado ser.
A veces quisiera no entender nada.
Olvidar mi idioma y no poder comunicarme sino tocando cosas.
Toco el hueco que hace un animal en la alambrada para huir.
Toco el principio de un libro sobre amigos que no conoces.
Toco el fondo de mi garganta atrapado en años.
Toco un bulto en mi cuerpo que no sé si me matará.
Te toco todo.
Y tú.
Alumbrando esta cicatriz en el mundo que es mi espina dorsal.
Soy un niño con miedo a que no le quieran por lo que es.
Soy un niño con miedo a que no le quieran.
Soy un niño con miedo.
Soy un niño.
-Roy Galán
viernes, 9 de junio de 2017
Víspera de quedarse
Todo está preparado: la maleta,
las camisas, los mapas, la fatua esperanza.
Me estoy quitando el polvo de los párpados.
Me he puesto en la solapa
la rosa de los vientos.
Todo está a punto: el mar, el aire, el atlas.
Sólo me falta el cuándo,
el adónde, un cuaderno de bitácora,
cartas de marear, vientos propicios,
valor y alguien que sepa
quererme como no me quiero yo.
El barco que no existe, la mirada,
los peligros, las manos del asombro,
el hilo umbilical del horizonte
que subraya estos versos suspensivos…
Todo está preparado: en serio, en vano.
Juan Vicente Piqueras
las camisas, los mapas, la fatua esperanza.
Me estoy quitando el polvo de los párpados.
Me he puesto en la solapa
la rosa de los vientos.
Todo está a punto: el mar, el aire, el atlas.
Sólo me falta el cuándo,
el adónde, un cuaderno de bitácora,
cartas de marear, vientos propicios,
valor y alguien que sepa
quererme como no me quiero yo.
El barco que no existe, la mirada,
los peligros, las manos del asombro,
el hilo umbilical del horizonte
que subraya estos versos suspensivos…
Todo está preparado: en serio, en vano.
Juan Vicente Piqueras
miércoles, 22 de marzo de 2017
Señales de tránsito
Reuní un congreso de hormigas putas para que masticaran las hojas de tu recuerdo. Te borré de las paredes, del techo, del aire. Dediqué días y noches a borrarte. Lijé maderas, sombras y sábanas. Borré tu culo de las sillas. Hice un trabajo de borradería tan bueno que, si algún día volvés, cuando trates de hablar, verás que tenés borradas la lengua y las palabras.
Plástico cruel (José Sbarra)
jueves, 16 de febrero de 2017
NIGHTHAWKS
La soledad no tiene nada de romántico
y el frío me congela la nariz
y la culpa de imaginar a los que duermen entre cartones siete noches por semana
La soledad no es una ventana abierta
a un mundo de posibilidades
diga lo que diga el coaching
tu madre o la astrología.
La soledad es una puerta
que se cierra
lentamente en tu cara
sin que intentes
ni sepas impedirlo.
Es una caricia de la nada.
Una calle desierta de Palencia en invierno a las siete de la mañana.
Un regalo sin egoísmo.
Un adiós sin destinatario.
Un suicidio sin coartadas.
Y hablas por teléfono
con una mujer la que amaste
y todo es bello y dulcemente triste
porque felicidad
es un verbo que se conjuga en pasado perfecto
y no en presente de mierda.
Y llega el miedo y ya no puede quitarte nada.
Soledad es esta ausencia
de mí mismo que me acecha
en casi todas las esquinas
cuando me levanto demasiado temprano
sabiendo que ya es tarde para todo lo importante.
Soledad es ganas de volver a fumar
aunque sea para confundir
una vez más
arder con quemarme.
Y me pregunto
cuándo dejaron de amarme
mis amantes
por qué no han abierto aún los bares
y dónde
coño
está Hopper
cuando lo necesitas.
-Carlos Salem
viernes, 20 de enero de 2017
Hay
Hay destinos
donde lo que carece de temblor no es sólido.
Hay amores
en los que el mundo no te basta, falta un pasito.
Hay placeres
en los que te castigas por el arte, pues el arte es pecado.
Hay momentos de mutismo
en que la boca de la mujer hace pensar que el pudor es sólo
cuestión de sexo.
Hay cabellos teñidos por un meteoro
donde es el diablo quien hace la raya.
Hay soledades
en las que miras sólo con un ojo y sólo miras sal.
Hay momentos de frío
en los que estrangulas palomas y te calientas con sus alas.
Hay momentos de gravedad
en los que sientes que has caído ya entre los que caen.
Hay silencios
que debes expresarlos tú, ¡precisamente tú!
(Vladimir Holan)
donde lo que carece de temblor no es sólido.
Hay amores
en los que el mundo no te basta, falta un pasito.
Hay placeres
en los que te castigas por el arte, pues el arte es pecado.
Hay momentos de mutismo
en que la boca de la mujer hace pensar que el pudor es sólo
cuestión de sexo.
Hay cabellos teñidos por un meteoro
donde es el diablo quien hace la raya.
Hay soledades
en las que miras sólo con un ojo y sólo miras sal.
Hay momentos de frío
en los que estrangulas palomas y te calientas con sus alas.
Hay momentos de gravedad
en los que sientes que has caído ya entre los que caen.
Hay silencios
que debes expresarlos tú, ¡precisamente tú!
(Vladimir Holan)
jueves, 19 de mayo de 2016
sábado, 14 de mayo de 2016
Si te muestro la canción que no me cantaron para dormir,
y la colección de recuerdos de una infancia que me inventé,
si te hablo de las cicatrices que no tengo,
y las historias de amor que no viví,
si te lleno de regalos robados
y retoco fotografías añadiéndole mi cara o escenarios especiales,
si te escribo de manera distante e impersonal,
y entre tanta mentira me decido a odiarte de verdad
¿regresarías?
(Edel Juárez)
y la colección de recuerdos de una infancia que me inventé,
si te hablo de las cicatrices que no tengo,
y las historias de amor que no viví,
si te lleno de regalos robados
y retoco fotografías añadiéndole mi cara o escenarios especiales,
si te escribo de manera distante e impersonal,
y entre tanta mentira me decido a odiarte de verdad
¿regresarías?
(Edel Juárez)
jueves, 7 de abril de 2016
Contraelegía
Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.
-José Emilio Pacheco
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra.
-José Emilio Pacheco
lunes, 17 de agosto de 2015
En estado de espera
Estoy triste esta tarde.
Y sin motivo. Abro la puerta
de la nevera y allí está mi padre:
la noche inacabable en que murió.
Voy a mear y allí me acecho
yo de niño y la precaria
economía familiar de entonces
-la que heredé- y sus peleas.
Me lío un cigarrillo y casi siento
que a mi espalda están todas
las mujeres que alguna vez yo fui
y que ya no. Y me pregunto
si habrá algo que hacer
que me corrija tanta
tristeza equivocada.
Algo que me alivie.
Algo. Lo que sea.
Por ejemplo: tú.
(Pedro Andreu)
Y sin motivo. Abro la puerta
de la nevera y allí está mi padre:
la noche inacabable en que murió.
Voy a mear y allí me acecho
yo de niño y la precaria
economía familiar de entonces
-la que heredé- y sus peleas.
Me lío un cigarrillo y casi siento
que a mi espalda están todas
las mujeres que alguna vez yo fui
y que ya no. Y me pregunto
si habrá algo que hacer
que me corrija tanta
tristeza equivocada.
Algo que me alivie.
Algo. Lo que sea.
Por ejemplo: tú.
(Pedro Andreu)
martes, 2 de junio de 2015
La trayectoria del desastre
Lo peor del monstruo
consiste en descubrir
su condición en los ojos
que ama.
¿No lo veis?
No sois capaces de verlo;
me acercaré a vosotros con versos
que disfrazan toneladas
de una atroz nada
y asestaré mi mortal dentellada.
La lucidez del vértigo
debería servir de advertencia.
Nunca tengo suficiente sangre
nunca me canso de morder
la mano ofrendada.
Yo soy la víctima y el verdugo
por no hacer caso a Rimbaud.
Ícaro y el moderno Prometeo,
El Rey Midas invertido,
me reconocen como semejante
cuando trazo compulsivamente
la trayectoria del desastre,
la espiral de la derrota.
Al menos se abre paso
la virtud innegociable del vacío.
Después de todo quizá
mis alas sirvan para volar.
-Javier Vayá Albert-
consiste en descubrir
su condición en los ojos
que ama.
¿No lo veis?
No sois capaces de verlo;
me acercaré a vosotros con versos
que disfrazan toneladas
de una atroz nada
y asestaré mi mortal dentellada.
La lucidez del vértigo
debería servir de advertencia.
Nunca tengo suficiente sangre
nunca me canso de morder
la mano ofrendada.
Yo soy la víctima y el verdugo
por no hacer caso a Rimbaud.
Ícaro y el moderno Prometeo,
El Rey Midas invertido,
me reconocen como semejante
cuando trazo compulsivamente
la trayectoria del desastre,
la espiral de la derrota.
Al menos se abre paso
la virtud innegociable del vacío.
Después de todo quizá
mis alas sirvan para volar.
-Javier Vayá Albert-
sábado, 7 de febrero de 2015
Señales de tránsito
Vio el mar por primera vez. En la distancia, el mar era azul. Incuestionablemente azul. Sintió la felicidad de comprobar. Corrió desnudo por la arena de una playa sin turistas hasta que las olas le salpicaron la cara. Se detuvo, sospechando algo terrible, tomó entre sus manos un poco de mar. Y lo temido ocurrió. En el hueco de sus manos el mar dejaba de ser azul, era sólo agua transparente.
Acortar la distancia para destruir el encanto.
"Plástico cruel" Sbarra
Acortar la distancia para destruir el encanto.
"Plástico cruel" Sbarra
lunes, 1 de septiembre de 2014
Agua salvaje
los dientes hambrientos del ojo
cubiertos de hollín de seda
abiertos a la lluvia
todo el año
el agua desnuda
oscurece el sudor de la frente de la noche
el ojo está encerrado en un triángulo
el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño
mastica dientes de sol, dientes cargados de sueño
el ruido ordenado en la periferia del resplandor
es un ángel
que sirve de cerradura a la seguridad de la
canción
una pipa que se fuma en el compartimento de
fumadores
en su carne los gritos se filtran por los nervios
que conducen la lluvia y sus dibujos
las mujeres lo usan a modo de collar
y despierta la alegría de los astrónomos
todos lo toman por un juego de pliegues marinos
aterciopelado por el calor y el insomnio que lo
colora
su ojo se abre sólo para el mío
no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo
mira
y me deja en estado de respetuoso sufrimiento
allí donde los músculos de su vientre y de sus
piernas inflexibles
se encuentran en un soplido animal de hálito
salino
aparto con pudor las formaciones nubosas y su
meta
carne inexplorada que bruñen y suavizan las
aguas más sutiles.
-Tristan Tzara-
cubiertos de hollín de seda
abiertos a la lluvia
todo el año
el agua desnuda
oscurece el sudor de la frente de la noche
el ojo está encerrado en un triángulo
el ojo a velocidad reducida
mastica fragmentos de sueño
mastica dientes de sol, dientes cargados de sueño
el ruido ordenado en la periferia del resplandor
es un ángel
que sirve de cerradura a la seguridad de la
canción
una pipa que se fuma en el compartimento de
fumadores
en su carne los gritos se filtran por los nervios
que conducen la lluvia y sus dibujos
las mujeres lo usan a modo de collar
y despierta la alegría de los astrónomos
todos lo toman por un juego de pliegues marinos
aterciopelado por el calor y el insomnio que lo
colora
su ojo se abre sólo para el mío
no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo
mira
y me deja en estado de respetuoso sufrimiento
allí donde los músculos de su vientre y de sus
piernas inflexibles
se encuentran en un soplido animal de hálito
salino
aparto con pudor las formaciones nubosas y su
meta
carne inexplorada que bruñen y suavizan las
aguas más sutiles.
-Tristan Tzara-
lunes, 25 de agosto de 2014
Un callejón a solas con el viejo
que te espera a ti mismo
dentro de treinta años.
...
De la vida me acuerdo.
Calzaba tus sandalias, iba en bici
conmigo hasta los faros vacíos.
Decía que era el mundo
una cosa sin frenos
donde poder perdernos.
Pero le fallamos. Nos cansamos
de tanto pedalear.
...
Pedro Andreu
que te espera a ti mismo
dentro de treinta años.
...
De la vida me acuerdo.
Calzaba tus sandalias, iba en bici
conmigo hasta los faros vacíos.
Decía que era el mundo
una cosa sin frenos
donde poder perdernos.
Pero le fallamos. Nos cansamos
de tanto pedalear.
...
Pedro Andreu
miércoles, 4 de junio de 2014
Ingreso psiquiátrico
Estás en bata azul en el patio más triste
que recuerdo.
Rodeado de intentos de suicidio,
trastornos de personalidad y gatos.
Todos fuman. La cara de desánimo
de una adolescente pelirroja...
me conmueve. Hablamos
de la vida, vagamente.
Me cuentas que has fumado
dos paquetes, que os da fuego
la enfermera, que el mando
de la tele no funciona,
que el mundo ya no come de tu mano,
que te mordió muy fuerte
y no te quedan fuerzas.
Todas las tardes que puedo:
de cinco a siete. En tu patio.
Cigarro tras cigarro divagamos
sobre los gatos del otro lado de la verja,
poemas que leímos, Najwa Nimri…
Me dices que hay un tipo nuevo
que te anda vacilando, que sin dientes
te cuesta masticar, que aquella chica pelirroja
fue dada de alta, que no quería,
que se lanzó de un sexto piso y está muerta.
Nos callamos. Son las siete. Me marcho.
Hasta luego. Estoy mejor,
no te preocupes. Seguro que muy pronto
nos vemos ahí afuera.*
(Pedro Andreu, "Alquiler a las afueras")
*Hay días que todo lo que encuentro me recuerda a ti, papá.
que recuerdo.
Rodeado de intentos de suicidio,
trastornos de personalidad y gatos.
Todos fuman. La cara de desánimo
de una adolescente pelirroja...
me conmueve. Hablamos
de la vida, vagamente.
Me cuentas que has fumado
dos paquetes, que os da fuego
la enfermera, que el mando
de la tele no funciona,
que el mundo ya no come de tu mano,
que te mordió muy fuerte
y no te quedan fuerzas.
Todas las tardes que puedo:
de cinco a siete. En tu patio.
Cigarro tras cigarro divagamos
sobre los gatos del otro lado de la verja,
poemas que leímos, Najwa Nimri…
Me dices que hay un tipo nuevo
que te anda vacilando, que sin dientes
te cuesta masticar, que aquella chica pelirroja
fue dada de alta, que no quería,
que se lanzó de un sexto piso y está muerta.
Nos callamos. Son las siete. Me marcho.
Hasta luego. Estoy mejor,
no te preocupes. Seguro que muy pronto
nos vemos ahí afuera.*
(Pedro Andreu, "Alquiler a las afueras")
*Hay días que todo lo que encuentro me recuerda a ti, papá.
martes, 1 de abril de 2014
El sospechoso
Cerró la puerta con llave. Miró hacia atrás con desconfianza
y se guardó la llave en el bolsillo. Le detuvieron en esa postura.
Le maltrataron durante meses. Hasta que una noche confesó
(y quedó demostrado) que la llave y la casa
eran suyas. Pero nadie pudo entender
por qué había escondido su llave. De modo que
a pesar de habérsele declarado inocente, siguió siendo
sospechoso para todos.
(Yannis Ritsos)
y se guardó la llave en el bolsillo. Le detuvieron en esa postura.
Le maltrataron durante meses. Hasta que una noche confesó
(y quedó demostrado) que la llave y la casa
eran suyas. Pero nadie pudo entender
por qué había escondido su llave. De modo que
a pesar de habérsele declarado inocente, siguió siendo
sospechoso para todos.
(Yannis Ritsos)
jueves, 27 de febrero de 2014
Odio
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el locutor deportivo
de la radio del vecino
esos domingos por la tarde.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el macaco de uniforme
que sentencia -arma
al cinto- que el semáforo
no estaba en ámbar, sino en rojo.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el cívico paleto
vestido de payaso
que te dice
que no se permiten perros
en el parque.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con la gente que choca contigo
por la calle
cuando vas cargado
con las bolsas de la compra
o un bidón de queroseno
para una estufa
que en cualquier caso
no funciona.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con los automovilistas
cuando pisas un paso de peatones
y aceleran.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el neandertal en cuyas manos
alguien a puesto
ese taladro de percusión.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
cuando le dejas un libro a alguien
y te lo devuelve en edición fascicular.
El odio es una edición crítica
de Góngora.
El odio son las campanas
de la iglesia
en mañanas de resaca.
El odio es la familia.
El odio es un cajero
que se niega a darte más billetes
por imposibilidad transitoria
de comunicación con la central.
El odio es una abogada
de oficio
aliándose con el representante
de la ley
a las ocho de la mañana
en una comisaría
mientras sufres un ataque
de hipotermia.
El odio es una úlcera
en un atasco.
El odio son las palomitas
en el cine.
El odio es un cenincero
atestado de cáscaras de pipa.
El odio es un teléfono.
El odio es preguntar por un teléfono
y que te digan que no hay.
El odio es una visita
no solicitada.
El odio es un flautista
aficionado.
El odio
en estado puro
es rotractivo
personal
e intransferible.
El odio es que un estúpido
no entienda
tu incomprensión,
tu estupidez.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con este poema
si tu pluma
valiera
su pistola.
(Roger Wolfe)
"Me faltan algunos odios todavía. Estoy seguro de que existen." (Céline)
que te gustaría hacer
con el locutor deportivo
de la radio del vecino
esos domingos por la tarde.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el macaco de uniforme
que sentencia -arma
al cinto- que el semáforo
no estaba en ámbar, sino en rojo.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el cívico paleto
vestido de payaso
que te dice
que no se permiten perros
en el parque.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con la gente que choca contigo
por la calle
cuando vas cargado
con las bolsas de la compra
o un bidón de queroseno
para una estufa
que en cualquier caso
no funciona.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con los automovilistas
cuando pisas un paso de peatones
y aceleran.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con el neandertal en cuyas manos
alguien a puesto
ese taladro de percusión.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
cuando le dejas un libro a alguien
y te lo devuelve en edición fascicular.
El odio es una edición crítica
de Góngora.
El odio son las campanas
de la iglesia
en mañanas de resaca.
El odio es la familia.
El odio es un cajero
que se niega a darte más billetes
por imposibilidad transitoria
de comunicación con la central.
El odio es una abogada
de oficio
aliándose con el representante
de la ley
a las ocho de la mañana
en una comisaría
mientras sufres un ataque
de hipotermia.
El odio es una úlcera
en un atasco.
El odio son las palomitas
en el cine.
El odio es un cenincero
atestado de cáscaras de pipa.
El odio es un teléfono.
El odio es preguntar por un teléfono
y que te digan que no hay.
El odio es una visita
no solicitada.
El odio es un flautista
aficionado.
El odio
en estado puro
es rotractivo
personal
e intransferible.
El odio es que un estúpido
no entienda
tu incomprensión,
tu estupidez.
El odio son las cosas
que te gustaría hacer
con este poema
si tu pluma
valiera
su pistola.
(Roger Wolfe)
"Me faltan algunos odios todavía. Estoy seguro de que existen." (Céline)
martes, 1 de octubre de 2013
Hombros
Hoy no preciso hombres.
Sólo hombros.
Hombros que sostienen
porque intento sostenerme
y no lo logro
porque quiero
porque me esfuerzo
porque no alcanza....
Pájaros cantan
el silencio me habita
llueven como dagas mil palabras
¿serán acaso ellas las ausentes?
Hoy no preciso hombres.
sólo hombros que sostienen
Es tiempo de dormirse
y despertar de este mal sueño.
(Gabriela Rivero)
Sólo hombros.
Hombros que sostienen
porque intento sostenerme
y no lo logro
porque quiero
porque me esfuerzo
porque no alcanza....
Pájaros cantan
el silencio me habita
llueven como dagas mil palabras
¿serán acaso ellas las ausentes?
Hoy no preciso hombres.
sólo hombros que sostienen
Es tiempo de dormirse
y despertar de este mal sueño.
(Gabriela Rivero)
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